Alas del Chaco sin fronteras: aves, el tesoro biológico de la región

Por Redacción Chaco Sin Fronteras. Un revelador estudio de Guyra Paraguay expone la increíble riqueza de más de 400 especies de aves en la Región Occidental y advierte sobre el impacto de la acelerada pérdida de hábitats naturales. El Gran Chaco Americano, que alberga los bosques naturales más extensos de Sudamérica después de la Amazonía, resguarda en su porción paraguaya un patrimonio natural invaluable. Particularmente el Chaco Seco, una ecorregión caracterizada por su vegetación xerofítica, matorrales espinosos y climas de extremos térmicos que oscilan entre los 48°C y los -5°C, es el hogar de una avifauna extraordinariamente adaptada a la aridez.

De acuerdo con la Guía de las Aves del Chaco Seco Paraguayo, publicada por la organización Guyra Paraguay con el apoyo del CONACYT, en esta región se han registrado más de 400 especies de aves, convirtiéndola en un área clave para la conservación a nivel global.

Un refugio de endemismos y especies amenazadas

El Chaco paraguayo destaca no solo por la cantidad, sino por la exclusividad de sus habitantes alados. La guía documenta la presencia de 18 especies endémicas de la región que no se encuentran en ningún otro hábitat, entre las que destacan:

  • La Copetona (Eudromia formosa)
  • La Charata (Ortalis canicollis)
  • La Saria patas negras (Chunga burmeisteri)
  • El Carpintero negro (Dryocopus schulzi)
  • El Halconcito gris (Spiziapteryx circumcincta)

Además, ocho especies que habitan el territorio chaqueño se encuentran bajo preocupación de conservación internacional, incluyendo al imponente Águila coronada (Buteogallus coronatus), el Ñandú (Rhea americana) y el Flamenco (Phoenicopterus chilensis).

La alarmante transformación del paisaje

A pesar de su incalculable valor, este santuario natural enfrenta su hora más crítica. Entre los años 2010 y 2015, Paraguay se posicionó como uno de los países con mayor tasa de deforestación en el mundo, y más del 80% de esta pérdida de cobertura boscosa ocurrió en la Región Occidental.

La ecorregión del Chaco Seco es la más golpeada debido a su aptitud para la actividad ganadera. Las cifras del estudio son contundentes:

Indicador Ambiental (Chaco Seco) Año 2000 Año 2017
Superficie total evaluada 17.446.245 ha 17.446.245 ha
Superficie convertida a pasturas 1.738.675 ha 5.758.691 ha
Porcentaje de bosque transformado 10% 33%

El dato: El departamento de Boquerón ha liderado de manera consecutiva las tasas de cambio de uso de suelo en todo el Gran Chaco Americano, ejerciendo una presión devastadora sobre los ecosistemas naturales.

Como contraparte, la formación de los Médanos del Chaco (en el extremo noroeste) ha logrado conservar casi el 95% de su cobertura original. Esto se debe, principalmente, a las dificultades de acceso al agua y a la baja fertilidad de sus suelos 100% arenosos, factores que han frenado provisionalmente la expansión ganadera en esa zona específica.

Parques Nacionales: Los últimos bastiones de supervivencia

Ante la acelerada fragmentación de los bosques, la supervivencia de la avifauna chaqueña recae hoy de manera casi exclusiva en las áreas protegidas. El Chaco paraguayo cuenta con aproximadamente 1.500.000 hectáreas bajo resguardo, donde sobresalen tres parques nacionales declarados Áreas de Importancia para las Aves (IBAs):

  1. Parque Nacional Defensores del Chaco (720.723 ha): Una inmensa llanura aluvial que incluye el histórico Cerro León. Registra un total de 317 especies de aves.
  2. Parque Nacional Médanos del Chaco (605.075 ha): Zona de transición que alberga 225 especies, incluyendo endemismos estrictos como el Soldadito.
  3. Parque Nacional Teniente A. Enciso (42.241 ha): Bosque xerofítico que sirve de refugio a 206 especies de aves.

Los investigadores de Guyra Paraguay enfatizan que, debido a la alta tasa de recambio de especies (las aves varían notablemente de una zona a otra según la humedad y la vegetación), la única forma efectiva de asegurar su conservación a largo plazo es mediante una red conectada de áreas protegidas.

Conservar el Chaco no es solo proteger árboles; es garantizar que el canto de la Copetona, el vuelo del Águila coronada y el golpeteo del Carpintero negro no se conviertan en simples ilustraciones de un libro del pasado.