Investigación de Chaco Sin Fronteras. – El río Pilcomayo no es apenas un accidente geográfico en el mapa del Chaco: es la principal fuente de agua superficial de una región semiárida donde la ganadería, la agricultura y la pesca de subsistencia dependen, en distintos grados, de su caudal. Su comportamiento errático —crecidas repentinas, bajantes prolongadas y una de las cargas de sedimentos más altas del mundo— convierte cada informe sobre su nivel en una noticia con impacto económico directo para miles de familias del Bajo Chaco y de las comunidades indígenas ribereñas.
Un río que nace en los Andes y muere en el Chaco
El Pilcomayo recorre territorio de Bolivia, Argentina y Paraguay, sirviendo de frontera en parte de su curso, con una longitud nominal de 1.590 km y una cuenca de 270.000 km². Nace en la cordillera andina boliviana y desciende como río de montaña hasta convertirse, ya en la llanura chaqueña, en un curso de llanura de comportamiento mucho más lento e impredecible. Es, de hecho, el único río del mundo que presenta el fenómeno de extinción del cauce por atarquinamiento —es decir, se obstruye con sus propios sedimentos hasta perder su curso—, lo que explica por qué su ingreso efectivo al territorio paraguayo depende cada año de obras de dragado y limpieza de canales.
Esa particularidad hidrológica es la raíz de buena parte de la vulnerabilidad productiva del Chaco central y del Bajo Chaco: el agua no llega «sola» ni de forma constante, sino que su flujo hacia los esteros paraguayos depende de la combinación entre las lluvias en la cuenca alta (Bolivia), el estado de la embocadura en Pozo Hondo y el trabajo permanente de remoción de sedimentos.
El agua como insumo productivo
Los pobladores del Chaco, especialmente de la zona de General Díaz, Los Santos y Falcón, dependen en un 80% del recurso hídrico del Pilcomayo. Cuando el caudal baja —ya sea por sequía en la cuenca alta o por sedimentación de los canales internos—, el impacto se traduce casi de inmediato en decisiones productivas: según reportó un dirigente ganadero de la Asociación Rural del Paraguay (ARP) citado por medios especializados, la falta de agua del Pilcomayo obliga a los productores a rematar anticipadamente su ganado a precios más bajos ante la imposibilidad de sostenerlo en condiciones adecuadas, en un contexto de años consecutivos de sequía que golpea por igual a pequeños, medianos y grandes productores. En uno de los episodios más críticos de los últimos años, más de 40.000 cabezas de ganado debieron ser trasladadas desde zonas afectadas por la bajante, con reportes de mortandad animal incluidos.
Ese dato cobra otra dimensión si se lo compara con el peso real que tiene hoy la ganadería chaqueña en la economía nacional: Boquerón se afianzó como el departamento con mayor hato ganadero de la Región Occidental, con 2.910.319 cabezas registradas por la primera Encuesta Nacional Agropecuaria del Chaco (ENA Chaco 2026) del Ministerio de Agricultura y Ganadería. A eso se suma el componente agrícola: la misma encuesta identificó a la soja como el principal cultivo de la Región Occidental, con más de 150.000 hectáreas sembradas y un rinde de poco más de 2.200 kilos por hectárea. Toda esa actividad —ganadera y agrícola— se sostiene sobre una base hídrica frágil, en la que el Pilcomayo y sus esteros asociados cumplen un rol de recarga que no tiene sustituto natural equivalente en la región.
Estero Patiño: el humedal que el río alimenta
Gran parte del beneficio productivo del Pilcomayo no llega de manera directa por su cauce principal, sino a través del sistema de esteros que alimenta aguas abajo. En el área de influencia del Estero Patiño se encuentra el humedal más importante de todo el departamento de Presidente Hayes, que alimenta varios ríos y riachos que finalmente desembocan en el río Paraguay. Autoridades de la Comisión Nacional de Regulación y Aprovechamiento Múltiple de la Cuenca del Río Pilcomayo (CNRP) han remarcado que tanto los productores como la biodiversidad de la zona se benefician cuando el río mantiene su curso activo, algo que en los últimos años solo se logró mediante intervenciones sostenidas de limpieza de cauces y paleocauces.
Obras públicas: la condición para que el agua llegue
El ingreso de agua al Chaco paraguayo dejó de ser, en la práctica, un fenómeno puramente natural: depende de la obra pública. Un tramo de 12 km intervenido por el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) fue clave para asegurar el ingreso de aguas del Pilcomayo al territorio chaqueño. La Comisión Nacional del Pilcomayo mantiene un monitoreo permanente de la estación hidrométrica de Pozo Hondo-Misión La Paz, punto de referencia binacional con Argentina: a mediados de enero de 2026 el río promediaba 5,50 metros de profundidad en ese punto, nivel que hacia febrero había descendido a alrededor de 3,40 metros, evidenciando lo variable que es su comportamiento incluso dentro de una misma temporada.
Ante esa volatilidad, el sector ganadero impulsa además soluciones de infraestructura complementarias. La regional Teniente Esteban Martínez de la ARP promueve el proyecto del embalse Agropil, orientado a optimizar el ingreso de agua, evitar el retroceso del río, manejar la sedimentación y regular la distribución hídrica para consumo humano y uso agropecuario en la zona.
La pesca, motor económico y alimentario de los pueblos indígenas
Río arriba, en el tramo boliviano y en la zona de frontera, el Pilcomayo sostiene una economía pesquera de la que dependen miles de familias indígenas —weenhayek, guaraní y tapiete— asentadas también en el lado paraguayo y argentino de la cuenca. El río mantiene la pesca del sábalo como base alimentaria de estos pueblos, cuya dinámica de crecientes y estiajes permite además la formación de humedales que funcionan como criaderos de peces y sostén de la agricultura de subsistencia. Estudios sobre la cuenca alta estiman que la cadena productiva del sábalo mueve cerca de 100 millones de dólares al año entre pesca, transporte, comercialización y actividades conexas, con miles de familias vinculadas de forma directa o indirecta a esa actividad.
Esa dependencia también es su punto más frágil: en años de bajante severa o de fuerte sedimentación, la escasez de sábalo golpea directamente la seguridad alimentaria de las comunidades ribereñas, un patrón que organizaciones de la sociedad civil describieron como una verdadera crisis humanitaria en los tramos más afectados del río.
Un recurso disputado y en tensión permanente
El Pilcomayo es, al mismo tiempo, un recurso compartido entre tres países y un río de manejo técnicamente complejo. Su definición como frontera natural entre Argentina y Paraguay en buena parte de su curso obliga a una coordinación trinacional constante —canalizada a través de comisiones binacionales y de la Comisión Trinacional para el Desarrollo de la Cuenca del Río Pilcomayo—, mientras que en Bolivia crecen las tensiones por denuncias de contaminación minera en las nacientes y por proyectos de infraestructura, como una represa hidroeléctrica que científicos y organizaciones indígenas advierten que podría alterar el ciclo migratorio del sábalo y, con ello, el sustento de miles de familias aguas abajo, incluidas las del Chaco paraguayo.
Lo que está en juego para el Chaco paraguayo
El diagnóstico que dejan estos datos es claro: el Pilcomayo no es un río más en el mapa del Chaco, sino la variable hídrica que condiciona el ritmo de la ganadería —hoy con Boquerón a la cabeza del hato nacional—, la disponibilidad de agua para consumo humano y animal en el Bajo Chaco, y la seguridad alimentaria de las comunidades indígenas que aún dependen de la pesca. Su manejo —dragados, embocaduras, embalses reguladores y coordinación trinacional— dejó de ser un tema exclusivamente ambiental para convertirse en una condición de sostenibilidad económica para toda la región.
Fuentes: La Nación, MOPC, El Nacional, La Política Online, Iniciativa Amotocodie, ABC Color, Poder Agropecuario, Mongabay Latam, Revista La Brava, Wikipedia (Río Pilcomayo), Comisión Trinacional para el Desarrollo de la Cuenca del Río Pilcomayo.


