Este lunes 17 de agosto, Filadelfia cumple 95 años de fundación. Lo que empezó como el centro administrativo de un grupo de refugiados menonitas que llegó al Chaco paraguayo casi sin nada, hoy es la capital del departamento de Boquerón y uno de los polos económicos más dinámicos de la región Occidental. Este es un repaso por su historia y por el momento que atraviesa hoy.
De la Unión Soviética al espartillar chaqueño
La historia de Filadelfia empieza, en realidad, un año antes de su fundación oficial. El 1 de julio de 1930 llegó al Chaco Central el primer contingente de la Colonia Fernheim: unas 1.572 personas de fe evangélica menonita que habían emigrado desde la Unión Soviética, escapando de la persecución religiosa y política. Fue la segunda gran ola de inmigración menonita al país —la primera había fundado Loma Plata en 1927— y bautizaron a su colonia «Fernheim», que en alemán significa «hogar lejano».
Los primeros colonos se organizaron en aldeas de entre 20 y 25 familias cada una, sobre campos arenosos cubiertos de espartillo que no eran, ni de lejos, tierra fácil. El agua fue, desde el primer día, el desafío central: los relatos de los propios descendientes de esos pioneros hablan de una intensa búsqueda de agua dulce, de pozos que determinaron dónde valía la pena asentarse, y de una epidemia de tifoidea que golpeó a la colonia en sus primeros años. A eso se sumó el incumplimiento de la Corporación Paraguaya, que se había comprometido a proveerles alimentos durante un año y medio y no lo cumplió del todo, obligando a los propios colonos a organizar su propio abastecimiento.
De esa necesidad nació, el 13 de mayo de 1931, la primera cooperativa del Paraguay: la Cooperativa Fernheim. Apenas tres meses después, el 17 de agosto de 1931, se fundó formalmente Filadelfia como centro administrativo de la colonia, concebida desde el inicio como el punto donde se concentrarían el hospital, las escuelas, la industria y la imprenta de toda la comunidad. El primer monumento que levantaron los colonos resume el espíritu de esos años: «Hasta aquí nos ayudó el Señor». Hoy, en el centro de la ciudad, un segundo monumento —erigido para el cincuentenario de la colonia— sintetiza los tres valores que marcaron esa historia: Fe, Concordia y Trabajo.
De colonia menonita a capital departamental
Durante buena parte del siglo XX, Filadelfia creció como el corazón administrativo y económico de la colonia Fernheim, que hoy contempla unas 25 aldeas. Pero su rol institucional se transformó en las últimas tres décadas: en 1993, el Gobierno paraguayo la declaró capital del departamento de Boquerón, y en 2006 fue elevada a la categoría de distrito municipal, con su propia municipalidad, sobre una superficie de 13.879 km² —casi del tamaño de la provincia argentina de Tucumán, aunque con un poblamiento mucho más disperso—.
Ese salto institucional acompañó una transformación demográfica y social profunda. Filadelfia dejó de ser un enclave casi exclusivamente menonita para convertirse en una ciudad marcadamente multicultural: junto al núcleo original de unos 3.500 descendientes de colonos alemanes, conviven hoy comunidades indígenas como los Enlhet (barrio Cacique Mayeto) y los Nivaclé (comunidad Uj’e Lhavos, que llegó en los años 50 desde el Pilcomayo para trabajar en la cosecha de algodón), además de una creciente población paraguaya de otras regiones del país que ve en el Chaco Central una posibilidad de progreso.
La Filadelfia de hoy: motor productivo y aspirante a centro logístico
Según el Censo Nacional de 2022, Filadelfia tiene 20.595 habitantes, aunque estimaciones más amplias que incluyen todo el distrito hablan de cerca de 25.000. Junto a Loma Plata, con la que forma un aglomerado urbano a solo 25 kilómetros de distancia, reúne unos 40.000 habitantes y concentra el 60% de la población de todo el departamento de Boquerón.
Económicamente, la ciudad sigue apoyada en el campo: ganadería, agricultura (maní y sésamo, con la marca Agrochaco) y una industria láctea y cárnica consolidada, con Frigochaco como uno de los principales empleadores de la zona. A eso se suma un turismo creciente, apalancado en ferias con historia propia —la Expo Rodeo Trébol, que ya lleva casi 50 ediciones y es la más antigua del país, además de la Expo Neuland y la Expo Pioneros— y en un circuito de museos administrado por la Cooperativa Fernheim que recorre desde la biodiversidad chaqueña hasta la historia pionera de la colonia.
Un aniversario en medio de la campaña electoral
Este 95° aniversario llega, además, en un momento político particular para la ciudad. Rodas Núñez, quien encabeza la Alianza Todos por Filadelfia y busca la reelección en las elecciones municipales de octubre, debió apartarse formalmente del cargo a fines de junio para poder ser candidato, conforme exige el Código Electoral. Desde entonces, la conducción interina de la Municipalidad quedó en manos de Jorgelina Rolón, también de su alianza, mientras la ciudad que ayudó a fundar su generación de dirigentes celebra su aniversario en plena carrera hacia las urnas.
El crecimiento sostenido que Filadelfia viene mostrando trae también sus propios desafíos: la infraestructura vial y de servicios urbanos no siempre logra acompañar el ritmo de la migración interna hacia la ciudad, un fenómeno que esta misma redacción ya viene reportando en otras coberturas sobre el Chaco Central, y que se refleja, por ejemplo, en la creciente masificación de las aulas escolares locales.
Con casi un siglo de historia a cuestas —de una colonia que llegó buscando agua dulce en tierra ajena a una capital departamental que hoy se sueña como nodo logístico binacional—, Filadelfia llega a sus 95 años como una de las historias de desarrollo más singulares del Chaco paraguayo.
Fuentes: Cooperativa Fernheim, Red Chaqueña de Comunicaciones (RCC), InfoNegocios/Radio 1000, La Nación, Municipalidad de Filadelfia, Wikipedia (Censo Nacional 2022, INE).


