La otra orilla: un recorrido por los municipios que el río Paraguay moldea en el Chaco

Desde Villa Hayes hasta Bahía Negra, casi 900 kilómetros de costa chaqueña reúnen fortines de guerra, comunidades indígenas, el Pantanal paraguayo y un potencial turístico que todavía espera caminos, inversión y promoción.


El río Paraguay es, para el Chaco boreal, mucho más que un límite en el mapa. Es la vía por la que históricamente llegaron el tanino, las tropas, los misioneros y hoy llegan turistas, mercadería y, cada vez más, proyectos ganaderos de gran escala. A lo largo de su margen occidental se despliega una cadena de municipios que, aunque comparten el río, tienen realidades sociales y económicas muy distintas: los del sur, cerca de Asunción, con más servicios e infraestructura; los del norte, en pleno Alto Paraguay, todavía aislados, dependientes de la lancha y el avión, y asomados a uno de los ecosistemas más singulares del planeta, el Pantanal.

El Bajo Chaco: la puerta cercana

El tramo sur de la ribera corresponde al departamento de Presidente Hayes, que limita al este con el río Paraguay, que lo separa de los departamentos de Concepción, San Pedro, Cordillera, Central y Asunción. Sobre esa margen se ubican distritos como Villa Hayes, Nanawa, Puerto Pinasco, Benjamín Aceval y José Falcón —a los que se suma Tte. Irala Fernández, ya en el interior—, ciudades que se dedican principalmente a actividades portuarias y pesqueras en ambos márgenes de los ríos.

Villa Hayes, capital departamental, es la más desarrollada de la cadena. A apenas media hora de Asunción, la ciudad conocida como «de los cinco nombres» combina memoria histórica con un perfil urbano en crecimiento. Su Museo Histórico Salvador Garozzo conserva unas 3.000 piezas vinculadas a la Guerra del Chaco y a la Guerra de la Triple Alianza, y la ciudad conserva además el primer camino empedrado del país, tendido en 1872, y la Escalinata Madame Lynch, construida como acceso a una capilla que la propia Madame Lynch regaló al mariscal López. Sobre la costanera, un mirador inaugurado en 2018 permite observar el río y sirve de punto de partida para paseos fluviales. Con cerca de 70.000 habitantes, Villa Hayes es hoy la localidad chaqueña con mayor infraestructura educativa —tiene una filial de la UNA— y de servicios de toda la ribera.

Río arriba, Nanawa guarda un patrimonio histórico de otro tipo: fue escenario de dos de las batallas más recordadas de la Guerra del Chaco, cuando el Fortín Nanawa resistió el avance boliviano hacia el norte. Ese fortín forma hoy parte de un circuito histórico regional que incluye Isla Po’i, Campo Vía, Fortín Falcón y Fortín Gondra, sitios que la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur) busca poner en valor con circuitos temáticos.

Puerto Pinasco, por su parte, conserva la huella de la vieja industria taninera que marcó a buena parte del Bajo Chaco a comienzos del siglo XX, y hoy es también un distrito con fuerte presencia del pueblo angaité. En 2026, la comunidad indígena La Patria impulsó por primera vez una candidatura propia a la Junta Municipal, un hecho que sus referentes describieron como resultado de una decisión asamblearia y no de una aspiración individual, y que grafica un reclamo de larga data: que las decisiones municipales reflejen mejor las necesidades de los pueblos originarios, más allá de las promesas de cada campaña electoral.

Un secretario de turismo departamental resumía hace unos años el desafío común de estos municipios en pocas palabras: hay atractivos y hospitalidad, pero todavía faltan comodidades básicas para recibir visitantes en escala. La Gobernación trabajaba entonces junto a Benjamín Aceval, José Falcón, Nanawa, Puerto Pinasco, Irala Fernández y Villa Hayes en un plan conjunto de promoción del Bajo Chaco, apostando al avistamiento de aves en lagunas saladas y a la restauración de los sitios históricos de la guerra.

Alto Paraguay: la frontera del Pantanal

Más al norte, ya en el departamento de Alto Paraguay —el segundo más extenso del país y el único que carece de rutas asfaltadas—, el río deja de ser un límite y se convierte en la principal vía de vida. Sus cuatro distritos, Bahía Negra, Carmelo Peralta, Fuerte Olimpo y Puerto Casado, están todos ubicados a orillas del río Paraguay, lo que explica por qué buena parte de la movilidad interna todavía depende de embarcaciones como la histórica lancha Aquidabán, de vuelos semanales del Transporte Aéreo Militar o de largos tramos de camino de tierra.

Fuerte Olimpo, capital departamental y ciudad más que bicentenaria, es conocida como la puerta de entrada al Pantanal. Entre sus atractivos figuran el antiguo Fuerte de Borbón y una catedral construida enteramente en piedra sobre uno de sus cerros, además del mirador de los Tres Hermanos, al que se accede tras subir más de 500 escalones para contemplar la inmensidad del humedal. Bahía Negra, la localidad más septentrional sobre el río, está directamente favorecida por el Pantanal: allí opera una estación biológica de la fundación Guyra Paraguay que ofrece alojamiento y actividades de observación de fauna, y la zona permite llegar hasta el punto de las tres fronteras entre Paraguay, Bolivia y Brasil.

Capitán Carmelo Peralta, frente a la ciudad brasileña de Porto Murtinho, se promociona como «la ciudad del Pantanal» y concentra hoy buena parte de las expectativas de desarrollo del departamento: es el punto de arranque de la ruta Bioceánica que atravesará el Chaco de este a oeste hasta la frontera con Argentina, y ya cuenta con camino pavimentado durante todo el año, a diferencia de sus vecinos. Puerto Casado, más al sur, completa la lista de distritos ribereños del Alto Paraguay, con una fuerte tradición ganadera y portuaria heredada también de la época del tanino.

Un potencial que choca con la falta de infraestructura

El diagnóstico que hacen tanto la prensa especializada en viajes como los propios organismos de turismo es coincidente: la ribera chaqueña tiene playas naturales, biodiversidad única y patrimonio histórico de sobra, pero arrastra carencias que frenan su despegue como destino masivo. Un relevamiento reciente sobre el Alto Chaco constató que las playas naturales de Puerto Casado, Carmelo Peralta, Fuerte Olimpo y Bahía Negra no cuentan con habilitación oficial del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible que garantice condiciones de seguridad y sostenibilidad para los visitantes, pese a su potencial evidente para el turismo de verano.

A eso se suma el propio aislamiento geográfico: llegar a Fuerte Olimpo implica recorrer unos 135 kilómetros de camino de tierra desde la ruta Bioceánica, y a Bahía Negra, cerca de 190. Quienes optan por la vía fluvial o aérea dependen de frecuencias limitadas y de una fuerte demanda estacional. Solo Carmelo Peralta, gracias a la Bioceánica, ofrece hoy acceso pavimentado durante todo el año, lo que la posiciona como la puerta más accesible al Pantanal paraguayo.

En el sur, en cambio, el desafío es distinto: Villa Hayes y Nanawa ya cuentan con caminos asfaltados y cercanía a Asunción, por lo que el freno pasa más por la escasa diversificación de la oferta turística, la falta de señalización de los circuitos históricos y la necesidad de integrar mejor a las comunidades indígenas —angaité, sanapaná, guaná, entre otras— como protagonistas y no solo como paisaje del recorrido.

Un corredor con identidad propia

Lo que atraviesa a toda esta franja ribereña, del Bajo Chaco al Pantanal, es una identidad construida a partir del río: pueblos de pescadores, memoria de la Guerra del Chaco, comunidades indígenas con reclamos de tierra y participación política cada vez más visibles, y una naturaleza que todavía conserva tramos casi intactos. Ese es, a la vez, el mayor atractivo turístico de la región y su mayor pendiente: convertir ese patrimonio disperso en un corredor organizado, con caminos, alojamiento y promoción a la altura de lo que el río Paraguay ya ofrece por sí solo.


Nota elaborada a partir de fuentes periodísticas (ABC Color, La Nación, La Tribuna, Última Hora), publicaciones oficiales de Senatur y datos de los gobiernos departamentales de Presidente Hayes y Alto Paraguay.